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El PPD en México

 

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Experiencias Exitosas
del PPD en México

 

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MEX/SGP/OP4/Y2/RAF/2009/10

Acuacultura

E

 

l 10% de las proteínas animales de la alimentación humana y el 1.3% de su alimentación global provienen de los mares. La creciente demanda de alimentos para satisfacer las necesidades alimenticias de una población cercana a los seis mil millones de habitantes, requiere de alternativas de cultivo tanto terrestres como acuícolas.

El 10% de las proteínas animales de la alimentación humana y el 1.3% de su alimentación global provienen de los mares. La creciente demanda de alimentos para satisfacer las necesidades alimenticias de una población cercana a los seis mil millones de habitantes, requiere de alternativas de cultivo tanto terrestres como acuícolas.

La captura oceánica tradicional se ha estabilizado desde hace algunos años en un monto cercano a los 84 millones de toneladas dejando atrás un período de casi cien años, durante el cual se incremento 77%. Sin embargo, las reservas pesqueras sugieren un límite de 100 millones de toneladas para los recursos de la pesca tradicional.

 

Este escaso margen de 15 millones de toneladas se mantiene tanto por la elevación del costo de los energéticos, que antes de 1974 representaba el 10 % del precio del pescado y ahora el 35 %; como por el descenso de la productividad por embarcación.

En el caso de México la captura anual se incremento de 1.26 millones de toneladas en 1994, a 1.57 el 24.65% en 1997, para después descender y estabilizarse en valores cercanos a 1.4 millones de toneladas. Sin embargo la productividad por embarcación ha decrecido de 19.88 toneladas en 1996 a 13.19 en el año 2000.

En la Península de Yucatán el decrecimiento de la productividad pesquera es aun más severo que a nivel nacional: Campeche descendió de 21 a 7.71 toneladas por embarcación de 1994 al 2000. Quintana Roo de 8.79 a 3.71 y Yucatán de 20.37 a 6.65, en el mismo período.

Este descenso se origina en la trasformación de la pesca artesanal de subsistencia en pesca comercial, tanto de ribera como de mediana altura, basando las pesquerías en esquemas ajenos a la diversidad de especies propias de los mares tropicales y sin tener en cuenta la dependencia de la captura respecto de la salud de los sistemas lagunares costeros de la Península. Su resultante social ha sido una masa de pescadores cuyos rendimientos son cada día más bajos y cuya dependencia económica respecto de los grandes intermediarios y del Estado, amenaza con transformarlos en un grupo social análogo a los campesinos henequeneros.

Frente a la perspectiva mundial de estabilidad e incluso de decaimiento de las pesquerías, tanto por sus límites biológicos como económicos, la producción, crecimiento y comercialización de organismos acuáticos, animales o vegetales, de aguas dulces, salobres o saladas se muestra como la alternativa para evitar la sobre explotación de los cardúmenes y disminuir los costos de producción.

pejesmLos sistemas intensivos de cultivo acuícola están orientados a obtener la mayor ganancia en el menor tiempo posible. Por ello, además de su alto costo social crean nuevos y complejos problemas ambientales. Como ha ocurrido con la agricultura y la pesca intensivas, la creciente demanda mundial de productos acuícolas, ha inducido el desarrollo de tecnologías y sistemas de producción que incrementan de manera acelerada la escala e intensidad de operación, hasta sobrepasar la capacidad de carga del ambiente que los sustenta. La granjas acuícolas intensivas han empobrecido y erosionado suelos, reducido el inventario genético, causado transfaunación y son grandes los fracasos en las cosechas.

La pesca intensiva ha sobre explotado los cardúmenes provocando el decaimiento de varias pesquerías de gran importancia por el número de personas que de ellas se abastecen, e incluso han producido el deterioro de ecosistemas marinos enteros. Ahora, la acuacultura intensiva va en la misma dirección.

Algas, moluscos, peces y crustáceos han sido los grupos típicos de uso acuícola, sin embargo por el interés comercial o conservacionista se ha iniciado el uso acuícola de reptiles acuáticos y anfibios. En el año 2000, según datos del World Resources Institute, la producción acuícola mundial alcanzó más de 35 millones de toneladas, el triple de 1984, correspondiendo al 44.5% de la producción pesquera.

 

Este desarrollo de la acuacultura, insistentemente anunciado como una solución al crecimiento de las necesidades alimentarias del mundo, se ha orientado a la producción de especies de alto valor comercial, privilegiando la exportación sobre el consumo local. No obstante, más del 85% de la producción acuícola se obtiene de los países pobres, eufemísticamente llamados en desarrollo, en particular en Asia, pero en términos de valor comercial el porcentaje de su producción es de 71%.

En particular, el rápido desarrollo y la inmensa expansión del cultivo extensivo del camarón, han producido un inmenso daño ambiental y social, deteriorando el hábitat silvestre de la interface marítimo terrestre y los humedales y desplazando de la pesca a comunidades enteras de  pescadores depauperados, tanto por el decremento de la productividad como por los costos de su producción. El incremento explosivo del número e intensidad de operación de las granjas camaroneras a lo largo de los litorales tropicales, ha degradado los ecosistemas costeros y dañado a las comunidades vecinas. El inventario silvestre de camarón y ahora incluso el propio inventario bajo cultivo está gravemente afectado por enfermedades.

El cultivo intensivo de camarón, requiere de altos costos para lograr el rendimiento más alto. Las altas densidades de individuos por hectárea requieren del suministro de grandes cantidades de alimento y hacen prácticamente imposible de mantener adecuada la calidad de agua adecuada y controlara las enfermedades. El impacto ambiental es también inmensamente mayor y más profundo comparado con las granjas de baja densidad.

Las presiones ambientales de las granjas intensivas se manifiestan más allá de los límites del sitio que ocupan. El costo ecológico o biofísico corresponde al área mínima de ecosistema productivo requerida para sostener la producción de insumos y asimilar los desechos de su funcionamiento.

Una hectárea bajo el sistema semi-intensivo de cultivo de camarón en Colombia, produciendo aproximadamente 4000 kg de camarón anualmente, requiere la capacidad productiva y asimilativa de entre 38 y 189 hectáreas de ecosistema natural por año. Mayor intensidad de cultivo requiere de niveles aun mayores de apoyo del ambiente circundante.

 

 

Por tal motivo los sistemas Intensivos son ecológica y energéticamente ineficaces, ya que usan aproximadamente 295 Julios de trabajo ecológico para producir simplemente un Julio de proteína de camarón comestible, incluyendo insumos tales como alimento elaborado de pescado y productos agrícolas, la productividad del estanque, la energía utilizada para la captura y producción del alimento, el combustible, el fertilizante, el mantenimiento y el costo de la cosecha.

Un aspecto relacionado a este impacto ecológico, es la amenaza a las pesquerías del mundo derivada de la naturaleza carnívora de las principales especies de la acuacultura comercial: el camarón y el salmón. El suplemento alimenticio se basa pescado que semeja la composición de la comida natural de peces carnívoros y crustáceos y es el medio más simple para ofrecer los requisitos nutricionales diarios. Con ello las especies cultivadas dependerán en el futuro de dicho alimento e incrementarán su exigencia pesquera.

Actualmente aproximadamente 35 millones de toneladas la captura oceánica mundial, aproximadamente el 40% del total, son convertidos en harina de pescado, aceite y otros productos no alimenticios. La acuacultura utilizó en 1988 el 10% de la captura total y para 1995 ese uso alcanzó el 15%. Se calcula que en el presente que la porción de la captura global dedicada a la producción de insumos para la acuacultura es de entre el 20 y 25%.

La perturbación de los cardúmenes derivada particularmente del cultivo del camarón es particularmente grande. La biomasa capturada mediante barcos con artes de pesca de la malla sumamente pequeña tiene el solo propósito de convertirle en harina de pescado, amenazando la seguridad alimentaria centenares de millones de personas.

 

Aun cuando no existe una cifra precisa acerca de la pérdida de manglares, derivada de la construcción de estanques para la acuacultura, hay evidencia suficiente, a partir de la información de la magnitud de la destrucción de este bosque en Tailandia y Ecuador, para considerar que la superficie dañada es cercana al millón de hectáreas.

 

Pesca y Acuacultura Mundiales

 

 

 

2000

2001

2002

2003

2004

2005

 

(MILLONES DE TONELADAS)

PRODUCCIÓN CONTINENTAL

           

CAPTURA

8.80

8.90

8.80

9.00

9.20

9.60

ACUICULTURA

21.20

22.50

23.90

25.40

27.20

28.90

CONTINENTAL TOTAL

30.00

31.40

32.70

34.40

36.40

38.50

MARINA

           

CAPTURA

87.00

84.20

84.50

81.50

85.80

84.20

ACUICULTURA

14.30

15.40

16.50

17.30

18.30

18.90

MARINA TOTAL

101.10

99.60

101.00

98.80

104.10

103.10

CAPTURA TOTAL

95.60

93.10

93.00

90.50

95.00

93.80

ACUICULTURA TOTAL

35.50

37.90

40.00

42.70

45.50

47.80

             

PRODUCCIÓN TOTAL MUNDIAL

131.10

131.00

133.70

133.20

140.50

141.60

En Tailandia, principal productor de camarón cultivado, se considera que aproximadamente 253,000 hectáreas de las 380,000 existentes de bosques del mangle han sido destruidas por las granjas camaroneras.

En América Latina es alarmante la creciente destrucción masiva de manglares causada por la producción acuícola, en especial en el caso de Ecuador, segundo productor mundial. En este país el cultivo del camarón empezó en 1968 y para 1988 ya se había destruido el 20% por ciento de mangle y el 80% de los pantanos salobres existentes. Un total de más de 40,000 hectáreas de cada sistema ecológico.

 

 

Producción Mexicana en Peso Vivo

 

AÑO

Total

CAPTURA

ACUICOLA

Toneladas

%

Toneladas

%

1986

1,357,000.00

1,176,859

86.73

151,124

11.14

1987

1,464,841.00

1,280,882

87.44

174,385

11.90

1988

1,394,175.00

1,236,886

88.72

184,339

13.22

1989

1,519,882.00

1,336,416

87.93

181,697

11.95

1990

1,461,117.00

1,288,510

88.19

190,937

13.07

1991

1,483,603.00

1,281,623

86.39

171,408

11.55

1992

1,246,425.00

1,133,657

90.95

169,396

13.59

1993

1,191,600.00

1,086,768

91.20

170,196

14.28

1994

1,260,019.00

1,143,467

90.75

171,389

13.60

1995

1,404,384.00

1,264,557

90.04

157,574

11.22

1996

1,530,023.00

1,346,957

88.04

169,211

11.06

1997

1,570,586.00

1,391,282

88.58

173,878

11.07

1998

1,233,292.00

1,113,349

90.27

159,781

12.96

1999

1,286,107.00

1,144,263

88.97

166,336

12.93

2000

1,402,939.00

1,239,038

88.32

188,158

13.41

2001

1,520,937.00

1,325,785

87.17

196,723

12.93

2002

1,554,452.00

1,354,898

87.16

187,485

12.06

2003

1,564,966.00

1,377,900

88.05

207,776

13.28

2004

1,483,221.00

1,325,135

89.34

224,249

15.12

 

Los manglares son uno de los ecosistemas más productivos y desempeñan un papel fundamental en las cadenas tróficas marinas y costeras. La conversión masiva de los manglares en estanques y viveros a fin de aumentar las exportaciones, pone en peligro la propia acuacultura, ya que el manglar es el semillero primario del camarón.

 La eliminación del manglar equivale a la destrucción del hábitat natural del cual se obtienen los individuos juveniles para su desarrollo en viveros. Al carecer de individuos silvestres, se inicia introducción de especies exóticas y con ellas el riesgo de transfaunación y competencia con las especies autóctonas contribuyendo a su desaparición.

El Sistema de las Naciones Unidas, a través de la Organización para la Agricultura y la Alimentación emitió un Código de Conducta para la Pesca Responsable, que en su Artículo 9, conmina al desarrollo de la acuacultura evitando el deterioro del hábitat humano y silvestre. También la Convención sobre Diversidad Biológica requiere asegurar que la acuacultura se desarrolle de manera regulada para evitar más daños irreversibles al ambiente, la perdida de biodiversidad o el deterioro de las comunidades costeras.

La acuacultura en México tiene antecedentes prehispánicos, ya que diversos organismos acuáticos se cultivaban con fines alimenticios u ornamentales. En la Península de Yucatán los mayas mantenían y engordaban en cenotes al peje sapo y al peje lagarto (Palomo y Arriaga, 1993).

Como consecuencia de las formas coloniales introducidas por los españoles, la experiencia autóctona se perdió y durante todo el periodo histórico posterior a la conquista y hasta después de la Revolución Mexicana, fueron pocas las experiencias acuiculturales. Sin embargo, destacan entre ellas los cultivos de madreperla en Baja California Sur

En México existen 136 especies con potencial de cultivo, de ellas se aprovechan 57. En el caso específico del camarón, existen en el Pacífico 64 especies de interés comercial y en el Golfo de México 17.

Durante la década de los años cincuenta del siglo pasado, se inició el impulso de la acuacultura extensiva. En la década siguiente se crearon diversos organismos gubernamentales orientados a fomentarla. Destacan la propagación de la carpa en el altiplano, las primeras granjas de producción de bagre en Sinaloa y de camarón azul en Sonora y la fatídica difusión de la tilapia por todo el país. La tabla adjunta muestra en qué medida la acuacultura en México contribuye en la producción de recursos pesqueros.

No obstante la Dirección General de Acuacultura de la entonces Semarnap se propuso en su Programa de pesca y acuacultura 1995-2000, un incremento de 76 mil toneladas para dicho periodo, que representaba el 44.7%, tan sólo logró incrementar la producción acuícola en 10.28%. Contribuyendo en mayor medida el incremento en 182.62% de la camaronicultura que pasó de producir 11,846 toneladas en 1993, a 33,480 toneladas en el año 2000.

Indicadores elocuentes de la orientación de la política acuícola actual de la Semarnat es la dedicación a la producción de crías en sus centros acuícolas: 55% a las de tilapia, 29% a las de carpa y 3% a las de trucha.

El incremento de la producción de camarón, se ha basado en el desarrollo con poco orden de una importante infraestructura 231 granjas acuícolas en una superficie total de 14,302 hectáreas. De ellas 71 aprovechan de manera extensiva 2,884 hectáreas, 147 de manera semi intensiva usan 10,872 hectáreas y 13 cuentan con sistemas intensivos que aplican en 548 hectáreas.

Los cuerpos de agua salada – salobre con potencial acuícola, detectados por las instancias gubernamentales, tienen una superficie de aproximadamente dos millones de hectáreas; 450 mil propicias para el cultivo de camarón y 1.6 millones para otras especies.

Esta abundancia relativa ha restado importancia al severo impacto que el desarrollo desordenado de la acuacultura ha tenido. De hecho, la misma superficie reportada para las granjas podría ser considerada como gravemente perturbada por la devastación de manglares, la construcción de estanquería, la pérdida o desplazamiento de especies nativas por la introducción indiscriminada de especies exóticas como la tilapia y la eutroficación causada por las descargas de granjas.

La Acuacultura en el Programa

Durante la Fase Piloto se financiaron tres proyectos destinados a la capacitación de los pescadores de las áreas protegidas de Celestún y Ría Lagartos que, sin embargo, no produjeron el efecto organizativo y conservacionista que de ellos se esperaba.

Posteriormente, después de reflexionar acerca del fracaso de los proyectos de capacitación acuícola y acerca del impacto que las pesquerías y la acuacultura intensivas, descritas en los apartados anteriores, están teniendo sobre las condiciones ambientales y sociales de la costa peninsular, el Programa de Pequeñas Donaciones definió en su Estrategia Mexicana para la Segunda Fase Operativa los elementos necesarios para incrementar la capacidad comunitaria para conservar la biodiversidad mediante actividades sostenibles que permitan el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades. De entre dichas actividades destaca la promoción de proyectos agrícolas y piscícolas con especies autóctonas.

Elaborado a partir de SAGARPA – CONAPESCA

 

Valorando el papel que el Programa de Pequeñas Donaciones puede desempeñar para generar sistemas acuaculturales sustentables los proyectos acuícolas deben:

Corresponder a programas micro regionales de desarrollo sustentable elaborados de manera participativa, a partir de la planificación integral del uso y la conservación de los recursos costeros y fluviales.

Privilegiar el aprovechamiento de las condiciones naturales para desarrollar actividades extensivas y utilizar formas de cultivo de escaso u nulo impacto.

Cultivar solamente especies autóctonas sin modificación genética.

Colectar larvas o reproductores sin afectar la biodiversidad.

Generar alternativas de trabajo y auto empleo para las poblaciones pesqueras afectadas por la el decrecimiento de la productividad pesquera.

Asegurar que los pescadores y las comunidades costeras, junto con sus recursos comunitarios, no sean adversamente afectados por la actividad acuícola.

Evaluar continuamente el impacto ambiental y social de las actividades acuícolas.

Proteger los manglares, humedales y áreas costeras ecológicamente sensibles.

Evitar el uso de compuestos tóxicos y bioacumulables.

Evitar las descargas de desechos orgánicos.

Desarrollar y consolidar empresas acuícolas sociales con sistemas productivos de bajo o nulo impacto ambiental, logrando que operen bajo un estricto control en el uso racional de los recursos, así como de las emisiones que vierten al entorno.

 

CBM MEXICO CONABIO CONANP UNEP PNUD Mexico Banco Mundial FMAM Small Grants Programe

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