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Mérida Yucatán
Manejo de Riesgos

Manejo de Riesgos

 

A

 partir del destructivo paso del huracán Isidoro (septiembre 2002) por Yucatán, la oficina del Programa de Pequeñas Donaciones a ONG del FMAM, decidió gestionar fondos para una convocatoria adicional de emergencias, así como para crear un proyecto de fortalecimiento de las capacidades locales para reducir la vulnerabilidad antes futuros desastres (huracanes, pero también marejadas, desbordamiento de ríos, incendios, accidentes masivos, epidemias, etc.). La convocatoria fue particularmente exitosa por su nutrida y rápida respuesta; se recibieron cerca de 70 solicitudes de financiamiento, de las cuales se financió poco más de la mitad.

Por su parte, el proyecto de Atención a Contingencias inició su operación a partir febrero del 2003 en 5 micro regiones de la Península de Yucatán. El proyecto permitió formar a 15 capacitadores locales y realizar 15 planes comunitarios de emergencia (3 por cada micro región). Aunque el PPD-ONG en muchas más comunidades y micro regiones, hemos considerado este primer proyecto como una experiencia piloto, que después podría ampliarse al resto de la zona de influencia del programa.

Por su parte, el proyecto de Atención a Contingencias inició su operación a partir febrero del 2003 en 5 micro regiones de la Península de Yucatán. El proyecto permitió formar a 15 capacitadores locales y realizar 15 planes comunitarios de emergencia (3 por cada micro región). Aunque el PPD-ONG en muchas más comunidades y micro regiones, hemos considerado este primer proyecto como una experiencia piloto, que después podría ampliarse al resto de la zona de influencia del programa.

En el ámbito amplio de la gestión del riesgo, el actual proyecto se ha centrado en lo que llamamos “preparación y reacción” (planes de emergencia ante la posibilidad de futuras amenazas, basadas en un Atlas de Riesgos para la Península), dejando para un segundo momento el trabajo en el área complementaria de “prevención y mitigación de riesgos” (modificación en los patrones de desarrollo para reducir la vulnerabilidad sociocultural y económica).

Más recientemente, durante la consulta realizada con motivo de esta adecuación, las organizaciones plantearon un buen número de propuestas para profundizar las medidas tomadas por el programa con motivo del reciente huracán.

Relevancia

Los expertos han encontrado una fuerte correlación entre el cambio climático y el incremento en la incidencia de tormentas tropicales y huracanes. Estos dos temas cruzan fuertemente los intereses del PPD. Si sumáramos los daños causados solo por inundaciones (asociadas a marejadas, desbordamientos de ríos y tormentas), huracanes (Opal-Roxana e Isidoro) e incendios (en QR en 1990-91, y en Yucatán en el 2003), los daños a los proyectos financiados por el PPD en la Península, y a los sistemas a los que pertenecen, igualaría casi a la inversión realizada. Solo en el pasado huracán Isidoro el 70% de los proyectos PPD fueron afectados parcial o totalmente. El interés de las comunidades donde actual el programa en manejar adecuadamente los riesgos que enfrentan ha crecido desde la presencia del último huracán.

El sistema de Naciones Unidas cuenta con una Unidad Especial de Atención de Desastres y Recuperación, dentro del PNUD, que actua localmente buscando reducir los riesgos y daños en caso de desastres. La coordinación nacional y el comité nacional del PPD determinaron actuar a fondo como programa después del paso del Isidoro, primero con una convocatoria para proyectos de emergencia, y después con el proyecto de atención a contingencias en 5 micro regiones de la península de Yucatán.

El área de manejo de riesgos se está conviritiendo en una prioridad para muchas agencias gubernamentales, multilaterales y privadas de financiamiento, las cuales están generando líneas de actividades y mecanismos especiales para atenderla.

Vías para alcanzarlo

De acuerdo a las propuestas de los distintos actores consultados y a la revisión de materiales publicados por agencias internacionales, existen tres grandes áreas de acción:

  • Fondos emergentes para desastres: Cuando se presentan contingencias, además de afectar los proyectos ya en curso, se generan una gran cantidad de nuevas necesidades, muchas de ellas de carácter urgente. Los donantes en general se están proponiendo contar con mecanismos ágiles, definidos con anticipacipación, para responder en dichos momentos. En general estos mecanismos incluyen reglas, formularios, y otros requisitos simplificados y claros, para poder solicitar y ejercer rápidamente fondos en casos de desastres. También se está buscando el trabajo de sinergia a dos niveles: con otras fuentes financieras que apoyen en esa emergencia, y por otro lado, con otros actores institucionales, sociales y civiles que estén en el campo operando acciones de atención inmediata y reconstrucción. Estos fondos deben dirigir su atención a temas o focos prioritarios, para lo cual toman generalmente en cuenta las evaluaciones rápidas de daños y necesidades (diagnóticos participativos) que sus socios locales están haciendo. El ejercicio efectivo de estos fondos requieren una serie de capacidades en los grupos beneficiarios y otros aliados locales, que deben trabajarse con anticipación; este aspecto se trata en el siguiente apartado.
  • Tener una línea permanente de fortalecimiento para la preparación y reacción ante de contingencias. Al mismo tiempo que el fondo para emergencias, la tendencia global de las fuentes financieras es hacia el incremento de capacidades locales para reaccionar organizada y sistemáticamente en el momento del desastre. En esta línea se acostumbra trabajar de la mano con los sistemas oficiales de preparación y reacción (protección civil en México), para complementar su efectividad, además de crear entre los grupos y comunidades financiadas las capacidades y herramientas que requieran para esta reacción. Este tipo de trabajo redunda en productos tales como planes de emergencias, comités locales, equipos expertos en evaluación de daños y manejo de suministros, etc. Un insumo básico para esta línea de trabajo es el Atlas de Riesgos, que identifica y define cada uno de los riesgos que hay en la Península de Yucatán y Tabasco, evitando así centrarnos en los más escandalosos (e.g.  hucaranes).
  • Incluir en todas las líneas de financiamiento un área de prevención y mitigación de vulnerabilidad: El desastre surge de la confluencia de un evento natural o social (p.e., huracán), y la gran vulnerabilidad de los sistemas socioambientales en donde el evento ocurre. Por lo tanto, la reducción de la vulnerabilidad en los propios proyectos financiados y el sistema local al que pertenecen, redundará en la protección de las inversiones y la reducción de los daños humanos, ambientales y materiales que un evento pueda causar. Este tipo de trabajo redunda en productos tales como proyectos de inversión modificados, estándares de calidad que reduzcan la vulnerabildiad en infraestructura, expertos locales en temas específicos (agricultura, vivienda, etc.), entre otros.