Menu Content/Inhalt

QUEJAS


ir al Buzón PPDMX
Mérida Yucatán
Equidad de Género

E

n las últimas décadas se ha tratado de revertir esta situación de inequidad de género con varios enfoques:

 "Bienestar de las mujeres": el cual buscaba apoyar a las mujeres en sus actividades tradicionales. Este trabajo no cuestionaba el rol reproductivo (maternidad, tareas domésticas, etc.) de las mujeres, ni buscaba cambiar las relaciones de género prevalecientes.

"Mujeres en el desarrollo": Dicho enfoque introdujo la idea de que las mujeres incursionaran en las actividades económicas (productivas y comerciales) antes reservadas a los hombres, buscando equilibrar su situación. Sin embargo, no cuestionaba la inequidad en las responsabilidades domésticas, ni en las decisiones políticas, causando que las mujeres enfrentaran sobrecargas de trabajo con sus nuevos proyectos (doble y triple jornada), y no mejoraran su situación en la familia y la comunidad.

"Mujeres y desarrollo":  tratando de superar los problemas anteriores, esta corriente incentivó la participación de la mujer no solo en procesos de producción, sino también en la toma de decisiones familiar y comunitaria. Al mismo tiempo, sensibilizó a mujeres y varones sobre su situación, permitiendo una nueva y más equitativa distribución de tareas y responsabilidades. Por primera vez, se trataba el problema de género como algo relacional, y se introdujo el elemento de la organización y de la educación como medios privilegiados para el cambio. 

En el Informe de Desarrollo Humano del PNUD se define género en términos de "desigualdad en las posibilidades de desarrollo abiertas a los hombres y las mujeres". En general, el concepto de desarrollo humano contempla la capacidad para "vivir una vida larga y saludable, adquirir conocimientos y obtener un ingreso" a fin de "brindar libertad esencial a las personas; lo importante son los individuos y no los instrumentos relacionados con su libertad."
 
Para el PPD, la dimensión de género siempre ha sido un tema de importancia desde el inicio pero pocos avances se han hecho en esta línea. En la primera propuesta de readecuación de la estrategia en 1995, para fomentar que hubiera más proyectos de mujeres se establecieron criterios de cuotas de proyectos para hombres o mujeres en una proporcionalidad de 50 a 50.. En 1996 se lanzó una convocatoria especial para proyectos productivos para mujeres co-financiada por UNIFEM  a la cual se presentaron más de 40 proyectos pero sólo 5 cubrieron los requisitos.
 
Adicionalmente se optó por dar cursos de capacitación a las organizaciones de base y no gubernamentales sobre género. Estos cursos no tuvieron seguimiento por lo que  no se logró avanzar hacia una visión en que el enfoque de género fuera realmente apropiado más allá de un requisito. El estilo y contenidos del discurso feminista, según algunos hombres y mujeres, no estaba adaptado a la realidad de la cultura rural local por lo que no sólo no tuvo aceptación sino hasta rechazo.
 
Si bien en muchos proyectos existe una participación de mujeres, en la consulta de 2003, sólo el 10% de los grupos manifestó estar aplicando de manera explícita una perspectiva de género, desde la planeación hasta la evaluación de los proyectos. 

Varias de las organizaciones asesoras y organizaciones de base han desarrollado iniciativas para promover el enfoque de género en los grupos de varias micro-regiones, incluyendo talleres, encuentros, intercambios, talleres de formación de dirigentes. Estos mismos grupos proponen que se de mayor importancia a este tema en el programa y que se procuren fondos adicionales o que se le destine una mayor proporción de los recursos.

En la Península de Yucatán, al igual que en otras partes del mundo, las mujeres viven una situación de inequidad en la mayoría de los aspectos de su vida. Las mujeres son las responsables del rol reproductivo (maternidad, trabajo doméstico, recolección de leña, salud, educación), y varias tareas del llamado rol productivo (crianza de animales, apoyo en parcelas agrícolas, siembra de hortalizas de traspatio, artesanías, entre otras). En contraparte, son los hombres quienes tienen acceso, poder de decisión y son los propietarios de los bienes de consumo y de capital de la familia y la comunidad. Las mujeres no tienen tampoco igual acceso a la información (viajan menos, tienen menor contacto con agentes externos, etc.), a la educación media y superior (se privilegia que los hijos varones sigan estudiando) y, por lo mismo, al empleo.  En las comunidades mayas, choles y mestizas, las asambleas comunitarias están compuestas sobretodo por varones, lo cual margina a las mujeres de muchas decisiones públicas.

En los últimos años, sin embargo, producto de la crisis económica y de la migración laboral, las mujeres han comenzado poco a poco a incursionar en actividades reservadas en el pasado a los varones.

Los programas de desarrollo pueden tener un papel muy importante en este tema al incentivar las iniciativas de los grupos de mujeres, sensibilizar a la sociedad en general sobre sus necesidades y derechos, así como reducir las cargas sociales y los niveles de pobreza que pesan sobre ellas.